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Cómo puede contribuir el diseño a conseguir los objetivos de una empresa. Cuarta parte

Esta entrada es la continuación de esta otra

Cómo integrar el diseño industrial en la empresa

Veamos primero cómo es el proceso normal de creación de nuevos productos y dónde interviene el diseño junto con otras áreas de la empresa.

1. Idea

Como consecuencia de la exploración del mercado, o de actuaciones de la competencia, o como resultado de investigaciones del departamento técnico, o de la aplicación de una nueva tecnología, o dentro de la lógica evolución de la empresa (las empresas con productos estacionales están obligadas a presentar novedades en cada campaña) la dirección de la empresa decide lanzar un nuevo producto o rediseñar uno que empieza a entrar en declive. Cada empresa debe tener un mecanismo de análisis de estas ideas, más o menos intuitivo y participativo según los casos, a partir del cual tomar la decisión de llevarla adelante. En este momento se podrían esbozar los objetivos y expectativas respecto al diseño del nuevo producto, de los que hablábamos en la entrada anterior.

2. Concepto de producto

Con ello entramos en un grado mayor de concreción de la idea. Para definir el «concepto» hay que establecer algunas características básicas, como son: a qué segmento del mercado se dirige el producto, si ha de ser caro o barato, cuáles van a ser las motivaciones de compra, qué aspectos diferenciales va a tener, qué características de uso, qué prestaciones, en qué categoría queremos enmarcarlo, etc… Esta es una parte esencial del trabajo de marketing. En las empresas con departamento de marketing es importante que se dé al diseñador la posibilidad de intervenir en la determinación del concepto de producto. Puede aportar ideas y, además, tener una compresión más exacta de lo que se quiere. En las empresas en que no hay departamento de marketing, la responsabilidad del concepto del producto está en la dirección y en muchas ocasiones se pone en manos del diseñador, de manera un tanto inconsciente. Hay estudios de diseño, generalmente grandes, que tienen expertos en marketing y que sí pueden abordar con rigor y profesionalidad esta problemática de base, sobre la que se va a sustentar todo el trabajo de diseño.

Algunos de los factores que configuran el diseño final: La funcionalidad, la fabricación, el tipo de distribución, el mantenimiento, etc., Las prioridades de unos de estos factores sobre otros, el énfasis que el diseñador ponga en determinados aspectos en detrimento de otros será decisivo para que el producto que estamos diseñando se ajuste al concepto requerido. Si la elección de los materiales y de su tecnología de transformación la hacemos con una clara intencionalidad ecológica estaremos dando un concepto de producto distinto a si esa elección se ha hecho bajo criterios de precio, de durabilidad o de seguridad en el uso.

El concepto de producto es el que va a marcar las líneas básicas de los aspectos comunicativos del mismo: su lenguaje formal y sus valores simbólicos, estéticos y culturales.

3. Información

Si el equipo de diseño ha intervenido en la fase de conceptualización, tienen ya gran parte de la información necesaria para empezar a trabajar. Si no es así habrá que dársela toda. Conviene, si es posible, sistematizarla. Esto se puede hacer siguiendo un esquema como éste:

  • Información general sobre nuestra empresa. Breve historial. Catálogos de productos.
  • Idea. Por qué ha surgido y por qué se ha considerado interesante.
  • Producto. Cuáles deberían ser sus características principales. En qué se va a diferenciar. Productos ya existentes con los que va a competir.
  • Objetivos y expectativas respecto al producto a diseñar.
  • Función. Para qué sirve. Prestaciones. Cómo se utiliza. Quién y en qué circunstancias lo usará.
  • Mantenimiento que requiere.
  • Mercado. Público objetivo. Motivaciones de compra. Fuerza de la competencia. Precio aproximado al que debe salir a la venta.
  • Distribución. Dónde y en qué circunstancias se va a vender. Cómo se expone a la venta. Necesidad o no de material de PLV.
  • Fabricación. Materiales para la fabricación. Procesos técnicos y tecnológicos. Componentes, si los tiene. Problemas clave de fabricación y montaje.
  • Envases y embalajes. Normativas que deban tenerse en cuenta. Etiquetas. Información en cajas o folletos adjuntos, sobre el uso u otros aspectos del producto.
  • Transporte (si hay problemas que resolver al respecto).
  • Posibles trabajos posventa. Instalación. Reparaciones. Mantenimiento por parte de la empresa.

Este esquema no es exhaustivo, ni pretende serlo. Pero es un buen listado para recapitular todos los aspectos que deben considerarse para diseñar el producto final. Generalmente las pequeñas empresas transmiten toda esta información verbalmente, en una o más conversaciones con el equipo de diseño. Sin embargo, es recomendable darlo por escrito.

En primer lugar porque ello da pie a que la empresa reflexione de manera global sobre la idea que quiere desarrollar y en segundo término porque el trabajo de diseño se puede desarrollar sobre un documento que no se presta a confusiones y olvidos y que servirá para la valoración del resultado final del proyecto. Este documento se conoce habitualmente como briefing.

En esta fase deben fijarse los plazos de elaboración y presentación del proyecto, las reuniones entre diseñador y empresa para ir haciendo un seguimiento de trabajo (más necesarias cuanto más complejo es el proyecto), y se determinará quién va a ser por parte de la empresa el responsable de hacer dicho seguimiento y de dar el visto bueno al trabajo de diseño.

4. Anteproyecto

Diseñar consiste, básicamente, en dar forma, tangible, a una idea. Para ello el diseñador establece una o varias hipótesis formales que va desarrollando y contrastando con el modelo abstracto del encargo, es decir, con la idea y sus requerimientos y limitaciones. Cada una de estas hipótesis de trabajo es una formalización de la idea inicial diferente. Estas diferencias pueden referirse a cualquiera de los factores en juego: a diferencias en los materiales o procesos productivos, o pueden ser de estilo, o funcionales, o de cualquier otro tipo. El diseñador las va contrastando con los requerimientos del encargo y puede que él mismo las rehace todas y vuelva a empezar buscando otra vía de solución o que dé alguna por buena, que desarrollará hasta el punto en el que considere que es suficiente para ser valorada. Cuenta con unas técnicas de dibujo, delineación, ilustración o realización de maquetas que le permiten presentar resultados valorables. Estos resultados primeros constituyen el Anteproyecto.

5. Análisis y corrección del anteproyecto

Las soluciones presentadas en el anteproyecto deben ser ahora valoradas por la empresa. No es raro que en ellas haya propuestas alternativas a alguno de los requerimientos que la empresa fijó al elaborar su encargo. Es decir, en muchas ocasiones el diseñador, en su proceso de análisis, descubre que alguno de los requerimientos planteados en el briefing no es correcto y, como consecuencia, no lo tiene en cuenta en la propuesta que se presenta. Lo cual, naturalmente, estará debidamente argumentado. Hay, pues, que contrastar la idea inicial con la solución dada y analizar qué aspectos de ésta son susceptibles de mejora o requieren ser cambiados y por qué. O si se ha presentado más de una solución (lo cual no es frecuente) cuál de ellas es la que se va a seguir desarrollando.

6. Proyecto definitivo

El diseñador introduce los cambios o las mejoras que ha acordado con la empresa y desarrolla el proyecto definitivo. Bocetos, ilustraciones, planos, maquetas… todo lo necesario para que puedan hacerse los prototipos.

7. Prototipos

Las maquetas, que pueden formar parte del diseñador, son realizadas en una escala menor o en materiales distintos a los del producto final y, en muchas ocasiones, sin los componentes mecánicos o electrónicos que el producto puede llevar. Reflejan muy bien cuál va a ser el resultado formal, pero no muestran algunos de los problemas que pueden aparecer durante el proceso de fabricación o durante su uso. Por eso es imprescindible realizar prototipos, es decir, modelos con materiales y escalas reales, que permiten definir con detalle los procesos de fabricación y valorar costes.

Los prototipos suele realizarlos la propia empresa fabricante bajo la supervisión del diseñador y en conjunción con el departamento técnico y el responsable de fabricación.
La empresa debe contar con el personal adecuado para la realización de los prototipos (o subcontratarlos), asumir los costes y programar el trabajo de modo que se haga en tiempo y forma.

La perfección del prototipo es importantísima para que no quede ningún aspecto del producto fuera de control. A partir de él y de los planos técnicos consiguientes, una vez ha sido aprovado por diseñador y empresa, deberán calcularse los costes y ponerse en marcha la fabricación y lanzamiento del producto.

8. Plan de lanzamiento

Puede haber comenzado con anterioridad una vez aprobado el proyecto de diseño. En él se concentran todos los aspectos relativos a al presentación, comunicación y difusión del producto.

Como consecuencia del plan de marketing puede, y debe, haber temas que requieren intervención de diseño: folletos o catálogos del producto, etiquetado o prospectos que deban acompañar a éste, gráfica publicitaria, displays y otros elementos de PLV, comunicaciones a clientes, etc. Estos ítems complementarios del producto pertenecen de lleno al campo del diseño gráfico. Si han sido encargados a otro equipo, es aconsejable que los responsables del diseño del producto colaboren, aunque sólo sea en el aspecto informativo, con el equipo de diseño gráfico.

Todo este proceso dividido aquí en ocho fases, es aplicable tanto al diseño de nuevos productos como al rediseño, es decir, a la modificación de productos preexistentes.

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