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Cómo puede contribuir el diseño a conseguir los objetivos de una empresa. Tercera parte

Esta entrada es la continuación de esta otra

Para qué el diseño

No se trata de responder al requerimiento primario que formula esta pregunta. La respuesta ha sido dada ya a lo largo de las entradas precedentes: diseño para mejorar los productos y la imagen de la empresa y por ende para satisfacer las necesidades de los usuarios y comunicarles de forma eficaz quién es la empresa y qué ofrece. Se trata de poner en consideración que una política global de diseño y cada una de sus actuaciones deben responder a objetivos concretos y satisfacer determinadas expectativas.

El informe del IMPI (Instituto de la Mediana y Pequeña Industria, perteneciente al Ministerio de Industria) «Evaluación de la Política de Promoción del Diseño en España», nos descubre cuáles son los objetivos que se habían propuesto las empresas que han desarrollado proyectos de diseño con ayudas del DDI (Sociedad Estatal para el Desrrollo del Diseño Industrial y estos son: posicionarse en el mercado, consolidar la imagen de la empresa y, en tercer lugar, incrementar los resultados económicos.

Estos son, sin duda, los tres objetivos básicos del diseño para cualquier empresa.
Posicionamiento, mejora de imagen y rentabilidad. Son objetivos constantes y comunes a toda la gama de productos o servicios de la empresa. Por eso decíamos que es necesaria una política global de diseño, porque sólo con una visión conjunta y continuada pueden lograrse objetivos que son pertenecientes en la vida de la empresa, aunque las estrategias puedan modificarse y adaptarse a los tiempos y a las circunstancias.

Al margen de estos tres objetivos generales, cada producto deberá satisfacer alguna exigencia concreta. En unos casos será la mejora de una aportación técnica, en otros una mejora funcional, o un nuevo modo de uso, o una nueva prestación, o una disminución del coste. Y en otras ocasiones responderá a criterios menos tangibles como es conseguir un aspecto más actual, completar una gama ya existente o adecuar el producto a mercados con otros hábitos de uso o diferente cultura. Lo importante es fijar un objetivo claro y, en correspondencia, tener unas expectativas mínimas respecto a los resultados.

En el éxito o fracaso de un diseño intervienen muchos factores. Muchos de ellos son externos a la empresa, dependen de todas las variables del mercado en juego. Deben estudiarse y pasar a formar parte, como ya hemos dicho, del listado de requerimientos del diseño. Pero hay otros factores que intervienen en el éxito o fracaso que son inherentes a la empresa. Por ejemplo: la distribución, la comercialización, la oportunidad, la comunicación, el precio, la calidad,… Atribuir las causas del éxito sólo al diseño no es razonable. Esta es una razón más en favor de una política global de diseño, que posibilita que éste actúe conjuntamente con el resto de áreas de la empresa y permite controlar y analizar con mayor rigor los resultados obtenidos, que no son consecuencia única de alguno de estos factores, sino de todas las fuerzas de la empresa actuando conjuntamente.

 

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